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Mientras varios países de la región redujeron los casos en los últimos años, los registros locales muestran un incremento del 21 %.

Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Prevención del Suicidio. En el marco de esta efeméride, preocupan las cifras registradas en Argentina, donde la tasa llegó a su máximo histórico, siendo los adolescentes el grupo de mayor incidencia. La tasa ubica al país segundo en Sudamérica, detrás de Uruguay y por encima de Chile.

Argentina alcanzó una tasa de 11,8 suicidios cada 100 mil habitantes, la cifra más alta registrada en el país, en un escenario que afecta especialmente a adolescentes y jóvenes. El dato surge de informes del Observatorio de Política Criminal y del Ministerio de Salud.

Según el informe, por primera vez los suicidios superaron a las muertes provocadas por otros hechos violentos. Además, los registros muestran un incremento del 21% en la tasa argentina, mientras que otros países de la región lograron reducir sus cifras durante los últimos años.

La preocupación por los adolescentes

El problema alcanza a edades cada vez más tempranas y el grupo adolescente aparece actualmente entre los más afectados. Especialistas advierten en la necesidad de evitar centrarse en la búsqueda de un único responsable y, por el contrario, acompañar a los menores.

“Muchas veces, frente al sufrimiento de un adolescente, buscamos resolver el problema por él, cuando también es necesario acompañarlo para que pueda aprender a transitar las dificultades”, remarcó Soledad Dawson, psicóloga y directora de la Maestría en Vínculos, Familias y Diversidad Sociocultural de la Universidad Hospital Italiano de Buenos Aires

Y añadió: “También es importante establecer límites claros y conversados, que ayuden a comprender que existen reglas, responsabilidades y consecuencias, y que una frustración puede ser parte de la vida sin convertirse en una situación sin salida”.

Señales de alerta, redes sociales y aislamiento

Dentro de las señales de alerta se encuentran el aislamiento, la persistencia de ideas negativas, la desesperanza, la irritabilidad, el retraimiento y cambios repentinos de conducta, alteraciones en el sueño y/o en la alimentación, el consumo de alcohol o drogas y el abandono del cuidado personal.

Entre los factores que pueden aumentar la vulnerabilidad aparecen el acoso escolar, situaciones de discriminación, exclusión o violencia, bullying, violencia digital, el consumo de sustancias y la soledad no deseada. A esto se suman las exigencias vinculadas con las redes sociales y la presión por alcanzar determinados modelos de belleza, vínculos o estilos de vida.

“Hoy hablamos de la soledad no deseada en niños y adolescentes como uno de los factores de riesgo más importantes”, advirtió Silvia Ongini, psiquiatra infanto-juvenil del Departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas.

Frente a esta realidad, especialistas remarcan la necesidad de crear espacios de diálogo y escucha para que los menores se sientan cómodos al hablar del tema con un compañero o un adulto. "Visibilizar el sufrimiento, registrar los cambios de conducta, habilitar la palabra y no minimizar ni subestimar las señales de alerta es clave para actuar a tiempo", sostuvo Ongini.

Dónde pedir ayuda

Ante una situación de crisis o vulnerabilidad, se puede llamar a las líneas de asistencia gratuitas y confidenciales del Centro de Atención al Suicida.

En la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires pueden comunicarse al 135, mientras que desde cualquier punto del país pueden hacerlo al 0800 345 1435.

También se recomienda acudir al centro de salud más cercano ante una urgencia.