Lejos de ser solo falta de voluntad, especialistas encontraron que detrás de ese impulso puede haber un mecanismo psicológico más común de lo que parece.

Sentirse aburrido suele asociarse con falta de estímulo, ganas de hacer otra cosa o dificultad para concentrarse. Sin embargo, un estudio reciente difundido por especialistas en psicología sostiene que ese impulso de ir a buscar comida no siempre nace del hambre real, sino de una búsqueda de recompensa inmediata.
La investigación fue desarrollada por científicos de la Universidad de Limerick y la University of Southampton, al analizar cómo ciertos estados emocionales pueden influir en la relación con la comida y en el deseo de comer sin necesidad física concreta.
Los resultados mostraron que las personas que atraviesan momentos de aburrimiento, por lo general con baja estimulación mental y emocional, tendían a comer con más frecuencia que quienes se encontraban ocupados o entretenidos.
Además, una investigación publicada en la revista científica Frontiers in Psychology analizó la relación entre aburrimiento y conducta alimentaria. El trabajo, liderado por el psicólogo Andrew B. Moynihan, explicó que el aburrimiento puede activar el deseo de comer como una forma de escapar de una sensación interna desagradable.

Por qué el aburrimiento habría impulsado el hambre. (Foto: Adobe Stock)
Este concepto fue estudiado por los especialistas para describir situaciones en las que la comida aparece como una vía rápida de estimulación emocional o sensorial.
Qué descubrieron los especialistas
Los investigadores analizaron distintos estudios y observaciones vinculadas al apetito emocional y a los hábitos cotidianos de alimentación.
El objetivo fue evaluar si ciertos estados mentales pueden relacionarse con el impulso de comer sin hambre física. Los resultados indicaron que las personas que sienten aburrimiento con mayor frecuencia solían buscar snacks o comidas placenteras como forma de estimulación.
Es decir, tenían mayor tendencia a picar entre comidas, abrir la heladera sin motivo claro o buscar sabores intensos para romper la monotonía.
Además, el estudio encontró que el aburrimiento podía favorecer elecciones menos saludables, en especial productos altos en azúcar, grasa o sal.
Por qué el aburrimiento habría impulsado el hambre
Los especialistas explican que el cerebro está diseñado para buscar recompensa y novedad.
Cuando una persona atraviesa momentos de baja estimulación, rutina repetitiva o falta de desafío, puede sentir deseos de hacer algo que genere placer inmediato. En muchos casos, la comida cumple ese rol porque activa circuitos vinculados al bienestar.
Además, los entornos con fácil acceso a snacks, pantallas y hábitos automáticos suelen reforzar la asociación entre aburrimiento y comida.
Por este motivo, los investigadores señalan que no siempre existe hambre real, sino una respuesta aprendida frente al vacío mental o emocional.
Otros factores que influyen en el hambre emocional
El análisis también destaca que el impulso de comer depende de múltiples factores vinculados al entorno personal, social y biológico. Entre ellos se encuentran:
el estrés acumulado;
la falta de sueño;
los hábitos repetitivos;
la ansiedad;
la disponibilidad de alimentos ultraprocesados.
Según los especialistas, identificar estos aspectos puede contribuir a una relación más consciente con la comida.
Los investigadores concluyeron que, aunque el apetito físico sigue siendo fundamental, muchas veces el deseo de comer surge como respuesta al aburrimiento y no a una necesidad energética real. También remarcaron que comprender este mecanismo puede ayudar a modificar hábitos cotidianos.
Fuente: TN