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El precursor del arte cinético murió este sábado en París, ciudad donde residía desde 1958 y desde la cual proyectó su obra hacia los principales museos del planeta.

Julio Le Parc, referente máximo del arte cinético y uno de los artistas argentinos con mayor trascendencia internacional, falleció ayer en París, Francia, país en el que residía desde hacía décadas.

El artista tenía 97 años y se mantenía plenamente activo en la escena cultural. Al momento de su muerte, se encontraba coordinando los detalles de una muestra retrospectiva. La misma estaba programada para inaugurarse próximamente en el Museo Tate de Londres, según se puede ver en sus redes sociales.

“Luchó hasta el final, estaba muy ilusionado con esa muestra, que iba a inaugurar para invitados el 8 de junio, y él quería ir... Murió hace dos horas, de viejo. Hacía un mes que no podía comer. Habrá velorio, pero todavía no sabemos cuándo”, confirmó su hijo, Yamil Le Parc, al diario La Nación.

Un legado de luz y movimiento
Julio Le Parc nació el 23 de septiembre de 1928 en Palmira, Mendoza, donde inició su formación artística estudiando por las noches en la Escuela de Bellas Artes. Más tarde, en Buenos Aires, fue alumno de Lucio Fontana, quien a través del espacialismo lo incentivó a reflexionar sobre la práctica artística en un entorno donde también cobraban fuerza las ideas del arte concreto, las formas simples y el color.

Su transición hacia el arte cinético, del que fue una pieza clave, se gestó mediante el análisis de las vanguardias del siglo 20, tomando como referencia los métodos de la Bauhaus y la obra de figuras como Mondrian, Albers, Tatlin y los pioneros rusos, quienes exploraban la relación visual y la ilusión de movimiento óptico.

En 1958, gracias a una beca, Le Parc se trasladó a la ciudad de París, que se convirtió en su residencia permanente, aunque ha mantenido un vínculo estrecho con Argentina en años recientes. Durante sus inicios en una humilde habitación-taller, desarrolló sus “Proyectos de color”, pequeños dibujos y pinturas sobre hojas cuadriculadas que funcionaron como ensayos para sus futuras obras a gran escala.

A principios de los años 60, marcó un hito en su carrera al cofundar el Grupo de Investigación de Arte Visual (GRAV) junto a artistas como Francisco García Miranda, Horacio Demarco, Jean-Pierre Yvral y Jöel Stein. Este colectivo buscaba desafiar el sistema del arte establecido, priorizando el movimiento plástico y, fundamentalmente, la participación activa del público en la obra.

Le Parc definía su motor vital a través de la curiosidad constante por su oficio. "En la medida en que el trabajo sea interesante, si a uno lo atrae y le intriga lo que está haciendo, hay curiosidad, perspectiva, resultados", explicaba el artista.

Sus investigaciones sobre la luz, el color y el espacio redefinieron la experiencia del espectador frente al objeto artístico.

Sus juegos de luces y sombras incluían al público como parte integral de la “obra de arte total”.

La consagración en Venecia y el mundo
La trayectoria de Le Parc alcanzó un hito fundamental en 1966. Ese año obtuvo el Premio Internacional de Pintura en la Bienal de Venecia, consolidando su estatus de pionero.

A lo largo de siete décadas, expuso en ciudades como Nueva York, Tokio, Madrid y Beijing. Incluso el mundo de la moda reconoció su impacto: la firma Hermes convirtió su obra La larga marcha en pañuelos de seda.

El artista también fue reconocido por su compromiso social y político. Durante los años 70, se manifestó de forma activa contra las dictaduras militares que afectaron a Sudamérica.

El vínculo inalterable con Argentina
Pese a vivir en Europa, Le Parc mantuvo una relación estrecha con su país natal. En 2016, su imponente Esfera Azul, compuesta por placas de acrílico, se incorporó al patrimonio permanente del CCK.

En la ciudad de Buenos Aires también se encuentra la escultura Hacia la luz. Esta obra de seis metros de altura, ubicada en Recoleta, simboliza los mensajes de unidad e integración que el artista promovía.

“Quiero dar un mensaje optimista, que todos los seres humanos tenemos la aspiración de mejorar y cambiar nuestra existencia”, declaró el mendocino sobre el propósito de su arte tiempo atrás.

Una de sus obras más populares es la que adorna uno de los nuevos halls del aeropuerto de Ezeiza. Se trata de una esfera móvil que cae desde el techo sobre la cabeza de los viajeros. Está hecha de casi tres mil piezas de acero inoxidable espejado en tonos dorados que cambian con la luz.La obra se llama Sol y fue creada por Le Parc en 2023 a pedido de Aeropuertos Argentina como un homenaje visual a la bandera argentina.

Meses atrás, además, el músico Fito Páez le dedicó la canción Yo vengo a ofrecer mi corazón y el artista visual le retribuyó el gesto en sus redes publicando el video y diciendo: “Gracias, queridísimo Fito Páez, por dedicarme esta interpretación de tu canción que tanto adoro. ¡Qué inmenso honor!”.

Su fallecimiento marca el fin de una era para las vanguardias visuales contemporáneas.