LA ISLA FM EN VIVO: CARGANDO...
--°C
☀️
Cargando...
💨 -- km/h
🔼 --°C
🔽 --°C

Más de 200.000 barriles fueron arrojados al Atlántico durante décadas. Científicos regresaron al lugar y encontraron un escenario inesperado a 4.700 metros.

Durante buena parte del siglo XX, varios países europeos utilizaron una zona profunda del Atlántico como destino para sus residuos radioactivos. Entre 1949 y 1982 fueron arrojados al mar más de 200.000 barriles, que en conjunto contenían más de 150.000 toneladas de desechos. Décadas después, científicos lograron regresar a algunos de esos lugares y observar directamente qué ocurrió con los recipientes.

Para entender por qué semejante cantidad de material terminó en el fondo del océano hay que retroceder varias décadas. Con el crecimiento de la energía nuclear, la medicina nuclear y otras actividades que utilizaban materiales radiactivos, comenzó a acumularse una enorme cantidad de residuos. En aquel momento, las grandes profundidades oceánicas eran consideradas zonas prácticamente desiertas y muy alejadas de cualquier población.

Los residuos se colocaban principalmente dentro de barriles metálicos de unos 200 litros. No se trataba, según los registros disponibles, de combustible nuclear usado ni de los residuos de mayor actividad, sino fundamentalmente de materiales de actividad baja o intermedia, como elementos empleados en laboratorios, instalaciones médicas o actividades relacionadas con la industria nuclear. Muchos eran mezclados con cemento, betún o resinas antes de ser arrojados al agua.

La lógica de la época también era diferente de la actual. Los recipientes debían llegar enteros al fondo y conservar el material durante un tiempo suficiente para que parte de los elementos radiactivos de vida corta perdieran actividad. Después se asumía que los restantes podían liberarse lentamente y diluirse en el enorme volumen del océano. El problema es que algunos radionucleidos presentes en esos residuos pueden permanecer durante décadas, siglos o incluso mucho más tiempo.

Qué encontraron ahora en el fondo del Atlántico

Durante décadas se supo relativamente poco sobre el estado real de los barriles. Por eso, el proyecto científico NODSSUM comenzó a estudiar una zona de unos 14.500 kilómetros cuadrados del Atlántico nororiental situada a unos 1.200 kilómetros al oeste de la costa francesa. Los recipientes se encuentran a enormes profundidades, en algunos casos a más de 4.700 metros bajo la superficie.

La primera gran campaña, realizada en 2025, utilizó el robot submarino autónomo UlyX. El aparato recorrió y cartografió aproximadamente 165 kilómetros cuadrados, menos del 2% de toda el área investigada, y logró localizar más de 3.500 barriles. Las imágenes ya mostraban que algunos recipientes se encontraban deteriorados.

Pero el descubrimiento más revelador llegó durante la expedición de 2026. Los investigadores utilizaron el submarino tripulado Nautile, capaz de descender miles de metros. Tras una veintena de inmersiones pudieron acercarse directamente a los barriles y comprobar que varios estaban fuertemente corroídos. En algunos casos, el material almacenado dentro había comenzado a salir y podía observarse extendido sobre el fondo marino.

Las mediciones confirmaron además la presencia de radionucleidos relacionados con aquellos residuos. Los científicos detectaron señales de cobalto-60 y niobio-94, además de cesio-137 y americio-241 en niveles superiores a los que normalmente se esperarían en esa zona del océano. Sin embargo, hay una aclaración importante: las mediciones realizadas hasta ahora indican niveles de actividad suficientemente bajos como para que las muestras pudieran manipularse sin grandes medidas adicionales de protección radiológica. Tampoco se detectó contaminación en el Nautile ni en los instrumentos utilizados.

Los barriles terminaron convertidos en parte del ecosistema

La expedición encontró además algo que los científicos de mediados del siglo pasado difícilmente habrían imaginado. El fondo del Atlántico donde fueron depositados los residuos no está vacío. Los propios barriles se transformaron con el paso del tiempo en superficies sobre las que comenzaron a instalarse organismos marinos.

Las imágenes muestran anémonas y esponjas adheridas a los recipientes, mientras que alrededor aparecen cangrejos, peces, pepinos de mar y otros animales. Es decir, estructuras creadas originalmente para contener residuos terminaron incorporándose físicamente al ecosistema de las profundidades.

Y justamente allí aparece la gran pregunta que todavía no tiene respuesta definitiva: si los materiales radiactivos están escapando de algunos barriles, ¿están entrando también en los organismos que viven sobre ellos o a su alrededor? Los investigadores recogieron agua, sedimentos, microorganismos, peces y otros animales para comprobarlo.

Esas muestras continúan siendo analizadas. Por ahora, los científicos pueden confirmar que algunos barriles se deterioraron, que parte de su contenido salió al exterior y que existen radionucleidos asociados a los vertidos en el ambiente cercano. Lo que todavía deben determinar es cuánto se dispersaron, cómo se mueven por el fondo del Atlántico y si terminaron incorporándose a la cadena biológica de las profundidades.