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Francia, Italia, España, Portugal y Bélgica vivieron un fin de semana de furia social. Qué dice la oposición que busca capitalizar el malestar. La Comisión Europea pidió no confundir protesta con violencia.

Miles de personas salieron a las calles en distintos países de Europa durante la última semana para reclamar por el aumento del costo de vida, la crisis habitacional y las dificultades de acceso a la educación. Las manifestaciones derivaron en graves disturbios en Francia e Italia, lo que derivó en fuertes cuestionamientos políticos por parte de la oposición en ambos países.

La tensión también se trasladó al escenario político. Las oposiciones cuestionaron la gestión de sus respectivos gobiernos, aunque con posturas diferentes frente a la violencia y las demandas de los manifestantes.

En medio del conflicto, la Comisión Europea defendió el derecho a la protesta pacífica, rechazó los actos violentos y recordó que la seguridad pública es responsabilidad de cada Estado miembro.

Francia fue el principal foco de las protestas. Las movilizaciones contra el costo de vida y las deficiencias educativas terminaron en saqueos, incendios y enfrentamientos con la Policía. Según Reuters, hubo más de 2.400 detenciones, cerca de mil agentes heridos y un manifestante muerto.

El Gobierno de Emmanuel Macron impulsó restricciones nocturnas en determinados sectores para contener los disturbios, mientras descartó por el momento un estado de emergencia generalizado.

La líder de Agrupación Nacional, Marine Le Pen, responsabilizó a la izquierda radical por los hechos violentos y cuestionó la capacidad del Ejecutivo para garantizar la seguridad. Su aliado Jordan Bardella también apuntó contra los sectores que promovieron los disturbios.

Desde la izquierda, Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, acusó al Gobierno de agravar el conflicto con su estrategia policial y de no responder a las demandas sociales. Aunque rechazó los saqueos, denunció intervenciones policiales excesivas.

Las críticas también llegaron desde sectores moderados. El ex primer ministro Édouard Philippe reclamó una respuesta más firme contra los responsables de los destrozos, mientras que el socialdemócrata Raphaël Glucksmann advirtió que una respuesta insuficiente podría favorecer políticamente a Le Pen.