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Cuentos para leer en familia: Entrega N° 35
La Viuda Negra
De Cesar Augusto Vera Ance

cuento para leer2eldiariodecatamarca.com

La pobre viuda de El Totoral se quedó sola desde que cambiaron el rumbo de la cuesta, ya no supo si entrar a los túneles o bajar hacia el lado de Huacra y emigrar a Tucumán.


Lo cierto es que andaba confundida, enredada entre los garabatales; a veces se cruzaba por el camino para asustar algún viajero, pero pasaban tan raudos que apenas se percataban de su presencia. Entonces decidió bajar hacia el otro lado.


Tenía la esperanza de que a partir del mismo instante en que se instale en el poblado, el terror comenzaría a asolar las calles. Y así anduvo con su apariencia de espectro amanecido vagando por las callejas, era una larga figura negra, escuálida, sin huesos ni sombra. Se ubicó en los estrechos corredores de la noche, amparándose entre las sombras de los sauzales, siempre cerca de compuertas y canales, porque no podía desacostumbrarse a la humedad. Desde ahí asolaba a los caminantes, especialmente a los enamorados que desafiando toda oscuridad y misterio se adentraban en el corazón de la noche para amarse desesperadamente.


Lo terrible para la viuda negra fue que de tanto andar en la sombra se fue confundiendo con ella, y de tanto enredarse en las murmuraciones fue haciéndose un personaje habitual, un habitante más de la villa. Esto la hundió de nuevo en una gran depresión. Si tuviera fuerzas arrastraría cadenas, convocaría a los oscuros espíritus de la noche, pero se vio superada también por el progreso. En verdad, una maldad ya con instrumentos sofisticados la estaba anulando, ahora no hacía falta mucho contacto con lo sobrenatural para hacer daño.


Pero lo más doloroso fue que su presencia sólo se transformó en un relato y de a poco fue perteneciendo al lenguaje. Y hasta le pusieron nombre y comenzó a aparecer en las narraciones, aún en aquellos lugares secos, absolutamente extraños a su querencia. ¿Cómo hacer, entonces, para dejar de ser palabra? Pero lo más doloroso fue que ya ni siquiera era un relato de primera agua sino un relato del relato, una versión aguada de otro relato.


El colmo de la frustración fue cuando asistió a una velada en la que una anteojuda profesora hablaba de mitos y leyendas, creencias y fabularios, y ahí comenzó a nombrarla, contar cosas de ella totalmente infundadas. Decía que la Viuda Negra aparecía por los páramos de Talaguada, allí se enancaba en el caballo, abrazaba al jinete y le exhalaba en su nuca su fría respiración de espectro. Cosas totalmente falsas porque a ella no le gustaban los caballos; la velocidad siempre le provocó vértigo y nunca podía andar lejos de las acequias. Según otra versión, también aparecía por el otro lado, en dirección a la Quebrada del Gaucho, despegándose de una cruz de palo, puesta justamente ahí por la muerte de un arriero. Según este relato el hombre murió de espanto por culpa de ella. Tampoco esto era cierto porque nunca había andado por ahí. Además; luego de quedar viuda, no viene al caso contar cómo ocurrió ese suceso, jamás le interesó hombre alguno, es más, los menospreciaba. En fin, la cuestión es que en el entramado de tantas conjeturas y estudios ella quedó absolutamente entrampada, enredada en los hilos del conocimiento y de las suposiciones. Por eso ya no pertenecía al miedo su presencia.


Entonces decidió volverse mujer, buscó una versión más aproximada a su figura y se fue acercando a doña Arsenia Cegarra, ella le inspiraba cierta confianza, le veía sus modos, su manera de caminar, sus gestos ampulosos, su risa estridente, su fisonomía llamativa y comenzó a imitarla. Largas horas se pasó acechando en la casa del alto, vigilando a la señora que algo atisbaba, pero que no podía del todo descifrar el misterio. Cuando estuvo totalmente segura se le apareció de golpe, justo detrás del horno, la mujer pegó un grito, después un largo quejido y quedó ahí nomás tiesa, con los ojos desorbitados de espanto. Su hija ya la encontró fría, sin vuelta, el velorio fue corto y penoso, la lloraron hasta las ranas del estanque y la llevaron quietita y dura hasta el camposanto.


La viuda negra esperó paciente hasta que se disiparan un poco las huellas del dolor, luego tomó el canasto de mimbre y comenzó a salir a la calle a ofrecer esas ricas masitas que la buena señora sabía hornear con maestría. Ahora sí comenzaron a tenerle miedo; aquel que comía las masitas se ponía lelo, con la mirada antojadiza, perdida en el vacío, hasta que al final languidecía estragado por una extraña fiebre de amor.


A pesar de esa fama, no faltaban los nocherniegos que la invocaban y así comenzó a andar de nuevo, totalmente renacida. Algo de cierto hay en todo esto porque desde su nueva aparición, el multiplico de hijos se hizo llamativo y lo que antes fue un pueblo de viejos, ahora se estaba transformando en un lugar lleno de niños, pero de niños amorosos y tontos.


Entonces el cura párroco, un joven sacerdote alto y sensato, tomó cartas en el asunto y con prédicas, sermones y oraciones buscó arrinconarla y devolverla a las llamas del Averno. A partir de ese momento, solamente se sentía el golpeteo de pechos y el bisbiseo de gargantas entregadas a la súplica. Novenarios, rosarios, procesiones, limpieza de lugares con agua bendita e incienso, cánticos, plegarias y exorcismos la acorralaban.


Hasta que un día, cansada ya de tanta persecución, se acercó hasta la casa parroquial y dejó unas masitas en la canastita de mimbre de la señorita Nora Regalado, una todavía apetecible solterona encargada de las cuestiones parroquiales, justo cuando ella estaba por cebarle unos mates al atractivo curita. Los dos comieron.


Desde ese entonces la perturbación prendió su hoguera y el sacerdote se dedicó a cuestiones personales más urgentes que a escudriñar en las sombras las razones de la lascivia de su feligresía.


Extraído de Removiendo la hojarasca.


Acerca tu cuento, la modalidad es la siguiente: Si eres un escritor/a con publicaciones realizadas, o bien aficionado, envíanos en PDF tu cuento con la ilustración que prefieras a : Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. con el título : quiero que publiquen mi cuento, mas tus datos personales y será evaluada para su publicación.


F I N

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