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LA CARA OCULTA
Durante las fiestas marianas la municipalidad demostró su ausencia

El loable reconocer que las fiestas en honor a la Morena del Valle, que concluyeron el pasado 8 de diciembre, con una más que significativa participación de fieles peregrinos llegados desde varias provincias Argentinas, dieron un marco imponente como no se apreciaba desde hace muchos años.

Esa participación la debe capitalizar, tan solo nuestra venerada Virgen del Valle, la situación de regocijo y el agradecimiento por los favores recibidos, como también aquellos que acrecentando su fe llegaron hasta los pies de María para pedir por trabajo, salud, amor y paz, son sin duda los motivos de tanta participación.

Que un desidioso funcionario de la gestión del intendente más cuestionado por sus sospechados actos de corrupción, peculado y otras yerbas salga a manifestar, que la gente se sintió segura y cómoda en la capital durante su estadía temporaria, es toda una hipocresía, sino una falta de respeto hacia los catamarqueños y desconsideración hacia los visitantes.

Es que tanto el domingo 7 como el 8 de diciembre, fue dantesca la imagen que exhibían, en su mayoría visitantes que dormían en las calles y en cuanto espacio público se les ocurrió reposar y consumir bebidas alcohólicas que fueron expendidas sin ningún tipo de límites, al punto tal que en la misma santería, que antes fuera propiedad del obispado, ubicada frente mismo a Plaza 25 de Mayo, ahora cedida a un oscuro comerciante, se vendió vino de distintas marcas, sin que existiera, según cuentan sus mismos empleados, autorización para ello.

El descontrol y la anarquía fue lo que primó durante las fiestas Marianas, con un mayúsculo responsable ausente, los funcionarios de la comuna capitalina, que lo único que hizo fue cercar los espacios verdes del principal paseo, aunque permitió acampar en la Plaza Virgen del Valle, sin cuidado alguno.

Fue pasmoso ver cómo, algunos sujetos bebían descontroladamente bebidas alcohólicas en las calles produciendo desmanes y permanentes provocaciones a quienes si vinieron a acompañar a María.

Es que, no existió la denominada “ley seca”, para las fiestas Marianas, como fue siempre durante la celebración más importante en la provincia, desde hace más de un siglo, La costumbre de respetar ese tiempo religioso.

Analizar si Jalil, y sus nimios funcionarios cómplices, son agnóstico, es lo que menos importa, porque jamás habrán escuchado, ni escrito mucho menos esa palabra, lo que importa es que Catamarca perdió otra vez, con la imagen de descontrol que se brindó a quienes llegaron para honrar a la Virgen, que también es patrona del turismo.

 

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