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LA CARA OCULTA
Era de esperar: Raúl Jalil echa a quienes piden pan

En una muestra más de autoritarismo y falta de sentido común, el intendente de la Capital, Raúl Jalil, amenazó a becados que protestaban por condiciones dignas de trabajo con “darles de baja” si continúan manifestándose.

Esta semana, numerosos trabajadores precarizados del municipio capitalino estallaron en bronca por la situación en que se encuentran desde hace años: sueldos indignos, jornadas laborales extensas de lunes a lunes, sin salarios familiares, entre otros atropellos.

Ante tal escenario, decidieron iniciar una serie de reclamos que consistieron, principalmente, en bloquear la salida de unidades de trabajo de la sede Higiene Urbana.

La simple idea de que trabajadores que se encargan del “trabajo sucio” pudiesen despertar de la pasividad y reclamar lo que es justo, despertó la ira del intendente Raúl Jalil, quien se olvidó que no está al frente de alguno de sus sanatorios –donde es amo y señor para explotar laboralmente a sus empleados sin que nadie se atreva a decirle algo-, sino que es la cabeza del Ejecutivo municipal, y como tal, es el responsable de la situación laboral de los becados y contratados.

El enojo de Jalil lo llevó a realizar polémicas declaraciones: "Di la orden que a los que sigan manifestando les den de baja”.

Tal exabrupto no hace más que desnudar la verdadera orientación política del intendente, tan cerca de personajes nefastos, como su padrino político Sergio Massa o el ex presidente Carlos Menem.

El pensamiento de estos dirigentes se resume en un solo enunciado: Lo que no sirve o molesta, se elimina.

Para justificar la incapacidad del municipio de hacer lugar a los razonables reclamos de los trabajadores, Jalil dijo a la prensa que “no estamos en condiciones de pasar a nadie a planta permanente”.

Sin embargo, el intendente se olvida que el municipio sí está “en condiciones” de otorgar créditos por un total de 4 millones de pesos a empresarios de la noche, con la finalidad de que puedan construir sus boliches en la zona del Arroyo Fariñango. También se olvida de los 400 mil pesos otorgados al ex secretario de Obras Públicas de la municipalidad, Jorge “Veneno” Carrizo.

Cualquier persona con sentido común puede razonar que si el municipio no se encuentra en condiciones de realizar grandes erogaciones de dinero, no puede destinar sumas siderales para créditos a empresarios que aportan poco y nada al bienestar de la sociedad y mucho menos a la capital.

En cambio, lo lógico sería que ese dinero sea consignado a mejorar la situación laboral de cientos de trabajadores que ven cómo pasa el tiempo y nadie se acuerda de ellos.

La soberbia de Jalil, se inscribe en las paginas de la historia que él y sus conspicuos escriben en la memoria de una sociedad que asiste impávida ante el absolutismo de personajes nefastos, basta solo con relacionar que habiendo otorgado 12 millones de pesos del erario público a bolicheros, representa pagarle los magros ingresos de 2000 pesos durante tres meses a esos 2000 trabajadores que él explota. Los hijos de estos recordarán bien al intendente que dejó sin trabajo a sus padres, por pedir que se haga justicia con ellos, que trabajan de sol a sol por magras monedas que no les alcanza ni para la ración diaria de comida.

Ese es el intendente que tiene la capital de Catamarca, el que habla desde su ignorancia e ignominia de cambiar el estado y la constitución, de la que seguramente no leyó jamás ni un articulo.

 

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