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LA CARA OCULTA
Pequeños nepóticos cuasi monárquicos en el Tribunal de Cuentas
La semana pasada surgió la novedad de que las autoridades del Tribunal de Cuentas habían acordado con el gremio que representa a los trabajadores del mismo, cubrir el cupo de 45 vacantes con hijos y familiares de empleados y autoridades del TC.

Este escenario despertó el rápido rechazo de la sociedad catamarqueña, harta de estos manejos políticos, de los cuales surgen decisiones de escritorio y que no son más que el resultado de oscuros arreglos entre autoridades y gremialistas de un organismo que tiene la responsabilidad de controlar las finanzas del Estado.

Y hablamos de pequeños nepóticos porque las designaciones que se van a realizar están ya destinadas a hijos de empleados del TC. Esto, inmediatamente nos lleva a pensar que estamos en presencia de cuasi monárquicos, porque inevitablemente se produce una sucesión en los cargos, lo que engendra el mantenimiento del linaje familiar en la médula del organismo.

Ante tal situación, la gente de a pie, la que no tiene la posibilidad de tener un familiar que le consiga “un puestito”, se lamenta, porque los únicos que pueden tener urgencias laborales son los hijos de empleados con años de servicio. A ellos les corresponde un lugar, y para colmo, con beneficios.

Es que además de tener la posibilidad de entrar a un organismo en el que los sueldos no son justamente de la media de un empleado público, ya cuentan con la seguridad de que indefectiblemente ocuparán esos cargos, porque no tendrán que rendir examen para demostrar sus capacidades intelectuales y profesionales, que sería lo normal en cualquier parte del mundo.

El Tribunal de Cuentas es el órgano de contralor de las finanzas y la hacienda pública de la provincia. Cualquier movimiento financiero que se produzca en la órbita del estado, es pasible de ser vigilado por el TC. Entonces, se necesita de personas sumamente capacitadas para las tareas técnicas que se llevan a cabo en el organismo. Nombrar por ocupar una vacante sin saber si el futuro empleado está apto para dichas tareas, debe despertar la atención de las autoridades provinciales.

El hecho de que una persona sea hijo de un empleado de muchos años en el TC no es una garantía de que va a conocer los movimientos propios de un organismo de tales características, ni mucho menos de que posea la capacidad profesional para llevar adelante las tareas que le sean asignadas.

Esto se soluciona de una manera simple: deberían realizarse concurso de cargos con veedores ajenos al organismo, donde se les de la posibilidad de concursar los hijos y parientes de los agentes y funcionarios de nivel jerárquico del organismo y, de esta manera, si el postulante es competente, bienvenido sea.

Sin embargo, el nepotismo en gran escala se instalará justo en el organismo de contralor dando espacio a una cuasi monarquía administrativa.
 

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